Nunca he sido rehén de la numerología, el destino tras las cifras salvadoras que diseñan el devenir de los orates en tiempos de incertidumbre política. Sencillamente, el dedo aleatorio del azar ha cruzado ante mí dos guarismos que se complementan. Cuando esto escribo, Fidel Castro Ruz renuncia a la presidencia de Cuba tras diecinueve meses de enfermedad, aquí, dieciocho días esperan a un nuevo presidente o la catástrofe de una ceja irreverente. Unos números que parecen insinuar la cuenta atrás de una serie interrumpida cuya suma, hace treinta y siete, y tres y siete hace diez, el Yod que asigna la guematría hebrea. Un misterio para la Cábala judía.
El comandante se congela en la escritura, un cuento chino, revolucionario, entonado y limitado por el bloqueo imperialista. Poco importa el hambre y la miseria extendida desde cabo San Antonio a punta de Maisí. El mito, como en la España crepuscular de Franco, duerme tras un barco convertido en el papel oficial del régimen, el misterio de las montañas y los nombres que la nutren: Camilo Cienfuegos, Ernesto Guevara, los hermanos Ameijeiras y Castro, Manuel Piñeiro Losada y los traidores necesarios para fortalecer la causa, Huber Matos y Eloy Gutiérrez Menoyo. Poco precio resulta la fractura de la sociedad, las familias, el dolor y el destierro en el horizonte del castillo del morro. Sus resultados, la mortalidad infantil y la educación, habrán de ser revisados cuando la luz diáfana de la libertad traspase el denso velo de la represión y la censura. Entre tanto, se han colado la epidemia de neuritis óptica de los años noventa y las cifras irrisorias del Sida que, seguramente, el doctor Gaspar Llamazares Trigo nos explicará. También los infinitos de una isla que define como democrática.
El licenciado Llamazares conoce aquellas tierras, y su libertad, desde que la brisa del caribe le calentó la piel durante su formación académica. Tal vez, también halle explicación a las aseveraciones de Carlos Marx a cerca de la conveniencia de ciertas condiciones laborales para los indios americanos a favor de los bienes de producción. Así, suspirando por un sueño arrasado por los ciclones democráticos, don Gaspar busca acomodo bajo un arco superciliar circunflejo a la espera de un Ministerio. ¡Vaya partido que se avecina! Espero que lo hagan ministro de Sanidad y nos aplique el exitoso modelo cubano.
Entre tanto, de las bondades que defiende dan fe la catástrofe sobrevenida con la Europa comunista. Aún se espera su crítica al desastre medioambiental de los países del este, la diligencia laboral de la masa obrera de aquellas latitudes, la pobreza de ciudadanos abandonados a las mafias, de militares y servicios secretos, que ocupan ahora la sociedad civil. Atrás quedó la corrupción y negrura que una Unión Europea, enferma, egoísta y débil, jamás supo ni quiso defender. Por eso, el señor Llamazares apoya a los homosexuales españoles y acepta el acoso en Cuba al mismo colectivo. Para los enfermos mentales han de derribarse las miserables instituciones españolas. Parece que los pacientes hispanos siguiesen, como en el hospital de la Bicêtre, a la espera de un Philipe Pinel que rompa sus cadenas tras la revolución francesa. Sobre los enfermos isleños disertará el candidato Llamazares.
Por eso, en su afán de dar la cara, se refugia en el mundo virtual de Second Life, donde asume las consecuencias de lo que dice. Su valentía metafórica pretende remitir al hospital al señor Rajoy. ¡Vaya actitud para un médico a quién se supone el juramento de los hijos de Hipócrates! Después se quema una foto del rey. Una reacción interesante, de sangre y fuego, que, tal vez, en un sentido psicoanalítico, pretende desempolvar y aplicar la terapia en su día prescrita a la dinastía Romanov. ¡Menudas hechuras democráticas! La arrolladora estimación de votos precisa suspender de su jubilación a Laura González, el único rédito de interés de la coalición. Doña Laura, sumida en la fatalidad, soporta con rostro elocuente una incómoda campaña a la espera del propio fracaso y la tranquilidad de su nieto. La organización IU parece empeñada en descubrir un tontorolo que acompañe a boborolo.
En este instante oportuno de explicaciones, el doctor Llamazares mostrará su lúcida visión sobre Kosovo. Avanzar su perspectiva de la política es posible, dada la presencia de los suyos en el camarote de los hermanos Marx que conforma el Gobierno Vasco; la casa común de la derecha nacionalista y la izquierda despistada. En el derecho a decidir de los vascos, y por supuesto catalanes, sus correligionarios, de ambas tierras, doblarán el codo ante sus narices extendiendo el dedo corazón hacia el cielo. Para España prescribirá su receta de Second Life: izquierdina. No sabemos con qué fin, para mí que <<contra el flato>>.
Cabe recordar, que en la vieja Sefarad tuvo origen la Cábala, hacia el siglo XII, y que el Yod entronca sus misterios <<hasta que venga el pacífico>>. Las diez esferas judías del sefirot, a cuyo través discurre la energía de Dios, se extienden desde <<el Keter>> hasta <<el Malkut>>. La primera significa La Corona, la providencia equilibrante; la última, el Reino, el principio de las formas. ¡Mala suerte, camarada!
Diecinueve meses y dieciocho días
febrero 27, 2008 por ithacius
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